#fotocuento – ¿Cómo decir adiós si que las lágrimas rueden? -…? –

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Nada fácil, decir adiós a tiempos y lugares en los cuales fuiste feliz. Yo fui feliz durante mi adolescencia, en lugar del infierno esperado con el divorcio de mis padres y la muerte de la abuela materna (mi refugio incondicional).

Todo hablaba de rudos tiempos para mí, mi madre siempre llorosa, depresiva, mi padre espaciando las visitas; su nueva mujer ocupaba todo su tiempo. Pronto nació su primer bebé, Gregory Jorge. ¿De dónde saldría ese nombre? En nuestra familia no había Gregorys ni Jorges. Supongo los había en la de ella; pero no me sonaba bien la combinación y nunca he sido hipócrita.

Un día llegó mi padre solo, de buen humor; me preguntó si quería visitar a la abuela Chepina (Josefina, oficialmente), su madre. Vivía sola con Hunter, su perro. Dije que sí, sin pensarlo, me ahogaba la tristeza, con el desapego creciente de mi madre, ahogada en su dolor.

Imagen del fotocuento, blog de @rahesi

Me llevó la familia Gregory (así los llamé, distanciando a mi padre de mí). Al bajarme del carro, me recibió Hunter, contento, dando saltitos y ladrando enloquecido. Creo que, como yo, se dijo: Alguien con quien jugar. Chepina salió al porche. Había envejecido. No conocí a mi abuelo, ella era viuda.

Los Gregory se fueron, yo me quedé. La diversión empezó para mí, al lado de Hunter. Correr como loco soltando energía, trepar árboles, escondites, bañarme en el río. La escuela casi pasaba desapercibida, esperando la salida. Era una especie de descanso entre los juegos vivaces que se iniciaban con el amanecer, pues acompañaba a la abuela al gallinero a recoger huevos, zarandeaba y recogía los duraznos y llevaba la cabra para que la abuela la ordeñara.

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Desayunábamos entre chistes y consejas y me iba a la escuela.. Hunter detrás de mi todo el tiempo, me despedía con sus piruetas y ladridos, y con mayor entusiasmo me recibía al regreso..

Mis tristezas, mi madre. Debieron internarla. Se negaba a salir del dolor. Nunca perdonó a mi padre, bueno, a los Gregory,  el pequeño fue la causa directa del divorcio. La visité dos veces,  me veía como a un extraño. Su mente estaba extraviada.

Con las visitas me deprimí. Me interesé por su enfermedad, investigué. La muerte se la llevó antes de que encontrase cualquier camino para curarla. Y me aferre más a esa vida tranquila que me brindaba Chepina, a los juegos con los amigos del liceo y el siempre fiel Hunter, que ya no daba tantos saltitos ni ladraba con tanta vehemencia.

Llegó Marianita, sobrina de unos vecinos, hija del divorcio. Pronto formamos un trío con Hunter. La felicidad amplió sus límites. El primer amor me llevó fuera del universo. Hasta Hunter y mi abuela sintieron la distancia. Abuela, entendiendo; Hunter, reclamando.

Chepina se reunió con el abuelo, yo inicio la universidad, Marianita adoptó a Hunter, en la despedida no sólo sus ojos están llorosos. ¿Cómo decir adiós, al terreno de la felicidad sin que las lágrimas rueden?

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Ésta es mi participación para el FOTOCUENTO,  concurso narrativo establecido por @rahesi y cuya convocatoria indica las condiciones para participar. Hay chance hasta el 29 de junio.

Imagen del concurso, del blog de @rahesi

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mllg

PNLista, docente, escritora. Venezuela- España Español- Inglés

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